sábado, 18 de febrero de 2017

EL RUIDO QUE HACEN LOS TRENES AL PASAR

Lo que más le gusta a Carmelo es el ejercicio físico. Le entusiasma cincelar cada músculo como si de un escultor se tratase. También, escuchar la radio. Se podría decir que son las dos cosas que más le satisfacen. Con el ejercicio cuida su cuerpo y con la radio su mente. Cree que eligiendo buenos programas se pueden aprender muchas cosas. En ese mismo instante, en la radio, un profesor está disertando sobre la inexistencia del presente. Asegura que el presente como tal no existe. Según sus palabras hubo un pasado y habrá un futuro, pero no un presente. Por lo visto, el cerebro de las personas tarda unas milésimas de segundo en procesar cualquier dato, cuando termina de procesarlo pertenece al pasado. Por ejemplo, alguien te roza la mano. Para cuando eres consciente de que te han rozado ya es un hecho consumado que no pertenece al presente. Cuando más interesante está la charla pasa un tren de mercancías. Uno que debe medir un kilómetro de largo. El tren tarda demasiado en pasar y cuando lo ha hecho el profesor ya ha concluido su razonamiento. Carmelo tiene la firme convicción de que siempre que alguien dice algo interesante en la radio pasa un tren. Y es que vive en un piso de alquiler que está a treinta metros escasos de la vía. Lleva viviendo ahí desde hace cinco años y sigue sin acostumbrarse. Lo peor es por la noche. De madrugada es cuando más se les oye. Al principio salía al balcón. Le gustaba ver a los pasajeros dentro de los vagones. Eran como diapositivas que pasaban a toda velocidad.
-Noventa y cinco, noventa y seis, noventa y siete, noventa y ocho, noventa y nueve y… última.
A Carmelo le encanta acabar una sesión de cien abdominales y notar todos los músculos tensos. Es una sensación que le hace sentir poderoso. Suena el teléfono. Es Martín.
-Paso a recogerte en quince minutos -le dice.
-Ok, te espero abajo.
Martín y Carmelo dejan atrás la cuidad. Dentro de la furgoneta huele a tabaco y a sudor. Carmelo tolera el olor a sudor pero el tufo del tabaco no lo soporta, por eso va con la cabeza asomada por la ventanilla. El viento choca contra su cara y si abre la boca, los papos le inflan con el aire. Le gusta ir con la ventanilla abierta. A Martín no.
-Joder, tío. Estamos a bajo cero y tú con la ventanilla abierta. Como me acatarre será culpa tuya.
Un solitario copo de nieve desciende del cielo para precipitarse directamente en la lengua de Carmelo. Enseguida cae otro y otro más. Según ascienden por la carretera la nevada se intensifica y el paisaje se va cubriendo de blanco. Salen de la carretera general y se adentran por una comarcal que está llena de baches y curvas. A Martín le preocupa la nevada.
-Como esto siga así habrá que poner las cadenas.
Finalmente, llegan a un pueblo situado en plena sierra, a mil ochocientos metros por encima del nivel del mar. En el campanario de la iglesia se distinguen varias cigüeñas. Carmelo escuchó en la radio que ya no migran al sur. Algo relacionado con el cambio climático. La furgoneta sigue por la calzada, pero no se adentra en la villa. Lo que hace es coger un camino adyacente que lleva al bosque. Después de unos pocos kilómetros llegan a un caserón con las paredes de piedra y rodeado de abetos. La furgoneta se detiene a la entrada. Martín baja del vehículo ajustándose el cuello de la cazadora. Se enciende un cigarro y lo apura con prisa. Se acerca a la vivienda y llama a la puerta. Cuando le abren se sacude la nieve de encima y entra. A Carmelo le apetece estirar las piernas. Salta de la furgoneta. Al aterrizar se hunde hasta las pantorrillas. Ha dejado la cazadora en el asiento y solo lleva una ajustada camiseta. Se cuelga de la rama de un abeto y comienza a hacer flexiones. Nunca está de más hacerse una tanda, y si con ello se quita el frío de encima, mejor que mejor. Al llegar a las treinta y cuatro, nota que alguien le está mirando. Es un niño que está junto a las porquerizas que están adosadas al caserón. El niño se acerca. Lo hace tímidamente, pisando la nieve con cautela, como si en cualquier momento el suelo se fuera a abrir bajo sus pies. Se queda parado a un par de metros, observando cómo Carmelo flexiona los brazos. Cuando los bíceps se hinchan por el esfuerzo, los ojos del chaval se abren para abarcar todo el volumen de los músculos. Cuando llega a las cincuenta flexiones da por terminada la tanda. Se descuelga del árbol y relaja los brazos para que la sangre circule por ellos, luego saca bola con el brazo derecho. El niño se acerca aun más. Carmelo aprovecha la proximidad del crio para acariciarle los genitales. A través de la tela del pantalón nota un gusano flácido y minúsculo. Desea bajarle la cremallera, pero antes de que pueda hacerlo el niño se aleja asustado. A mitad de camino tropieza y cae de bruces en la nieve. Rápidamente se incorpora y sigue corriendo hasta que desaparece por la puerta de las cuadras. En ese momento, Martín sale de la casa con un paquete envuelto en papel de estraza. Martín le pasa el paquete, suben a la furgoneta y emprenden el viaje de vuelta.
Antes de llegar a la urbe cogen el desvío que lleva al polígono industrial. Se desvían por el camino que hay junto a la vía del ferrocarril para llegar a un poblado de chabolas que circunda las afueras. Aparcan junto a un patio que está lleno de chatarra. Enfrente está la casa donde se dirigen.
-Quédate aquí y si en diez minutos no salgo entras a buscarme.
-Ok.
Martín sale de la furgoneta con el paquete. Se enciende un cigarro. Siempre se pone nervioso cuando tiene que entrar en ese antro. Después de dar unas apresuradas caladas tira la colilla al suelo y llama al timbre. Le abre la misma gitana de siempre. Entra y se cierra la puerta. Atardece detrás de los tejados de chapa y uralita. Pasa un tren. Las vías están al otro lado del poblado y se escucha con claridad el traqueteo de las ruedas sobre los raíles. A Carmelo se le ocurre que ese tren en breve pasará por delante de su casa. Mira la hora. Han transcurrido más de siete minutos desde que Martín entró en la chabola. Normalmente no tarda tanto. Justo cuando está a punto de preocuparse, se abre la puerta y aparece. Se enciende un cigarro y le guiña un ojo. Todo va bien.
A esa hora el tráfico en la ciudad es un caos, cada dos por tres hay que parar en un semáforo o ceder el paso en las rotondas. Le pide a Martín que lo deje cerca del centro. El resto del camino prefiere hacerlo a pie.
Al llegar al barrio observa que a lo lejos hay un tren detenido No es normal que esté ahí. Algo pasa. Se acerca a curiosear. Al lado de vías hay algunas personas y junto a la carretera han aparcado varios coches de policía. Por lo que dicen, un hombre se ha arrojado al tren. Hace unos días, Carmelo escuchó en la radio que el número de suicidios ha aumentado en los últimos años. Lo achacan a la crisis y al desempleo. Es triste que suceda esto, piensa. Un poco más allá, se reúne un grupo de niños que llegan atraídos por la curiosidad. Decide acercarse para hablar con ellos.

pepe pereza

miércoles, 15 de febrero de 2017

FUNERAL VIKINGO

            Invierno de 1976. Quique, Julio y Rubén se han jugado las dos horas de clase. Es viernes y quieren adelantar el fin de semana. Saltan la tapia del patio del colegio y toman el camino que lleva al río. En las afueras, a la altura de la fábrica de gaseosas, ven un gato aplastado en la carretera. Al pobre animal le han pasado tantos coches por encima que sus restos forman parte del asfalto.
-A que no hay cojones de chuparlo -dice Julio.
-Lo hago si me das tu colección de cómics -responde Rubén.
La colección de cómics es algo serio, así que Julio se toma unos segundos para pensárselo.
-Vale. Pero tengo que ver perfectamente cómo pasas la lengua por encima de esa mierda.  
-Jura que si lo hago me darás tus cómics.
-Lo juro.
Julio, que tiene las manos metidas en los bolsillos de su trenca, cruza los dedos para anular el juramento.
-¿Y tú, Quique, qué me das? -dice Rubén.
Quique no está seguro de querer participar.
-¿En serio lo vas a hacer?
-Los cómics de este inútil merecen la pena.
Realmente no le apetece ver cómo Rubén se humilla por unos cuantos tebeos.
-Paso de esta gilipollez.
Cruza la carretera, llega a las inmediaciones de la fábrica de gaseosas y se sienta junto a una de las cristaleras a esperar. Desde ahí puede ver la cadena de montaje. Hay varias máquinas funcionando a la vez, vigiladas de cerca por operarios que visten un buzo rojo. A pesar del grosor del cristal se oye el estruendo que produce la maquinaria. Dentro, el ruido tiene que ser ensordecedor. Quique trata de imaginar lo duro que debe resultar trabajar en un sitio así. Por un momento se arrepiente de haberse jugado las clases. Sabe que si no consigue acabar los estudios con buenas notas es muy posible que su futuro esté en una fábrica como esa. Mientras tanto, Rubén y Julio siguen con lo suyo.
-Abre bien los ojos porque solo lo voy a hacer una vez -dice Rubén.
Julio toma posición para no perder detalle. Rubén se arrodilla junto al gato, abre la boca y saca un palmo de lengua. Julio lo mira, expectante. De repente, Rubén se lo piensa mejor.
-Creo que no lo voy a hacer.
-Eres un puto cobarde, un gallina.
Hay conato de pelea. Quique corre hasta ellos para separarlos.
-Capullos, no me he jugado las clases para ver cómo os peleáis.
Quique siempre ha demostrado ser el más cabal de los tres. Es el nexo de unión del grupo. Los otros dos se conocieron a través de él, pero nunca han terminado de llevarse bien. Aprovechan cualquier ocasión para discutir y, normalmente, terminan peleándose. Quique consigue poner paz y juntos continúan su camino hacia el embarcadero.
            Cuando llegan ha oscurecido. En realidad, no es un embarcadero, solo un recoveco en el río donde alguien ha dejado una vieja barca amarrada con una cadena a un árbol de la orilla. Pero ellos han bautizado al sitio así: El embarcadero. Hay una densa niebla que surge de las aguas y se extiende por todo el cauce. Suben a la embarcación. Julio se acomoda en el asiento de popa, Quique en el del medio y Rubén ocupa el hueco triangular de la proa. Rubén impulsa la barca para que se adentre en el río los pocos metros que permite la cadena. Desde que la descubrieron no han dejado de frecuentarla. A los tres les gusta flotar sobre ese pedazo de madera podrida. Hace demasiado frío, pero a ellos no les importa, son jóvenes y pueden soportarlo. Tampoco les importa que a través de las grietas de la madera se hayan filtrado dos dedos de agua que les empapa las suelas de las botas. En esta ocasión la charla va de super-héroes. A Quique le gusta todo lo relacionado con los vikingos, por eso su favorito es Thor; Rubén se decanta por Spiderman, mientras que Julio no tiene claro si prefiere a Estela Plateada o a la Antorcha Humana. Cada uno defiende los poderes y cualidades de su héroe y trata de convencer a los demás de que su personaje es el mejor. No es la primera vez que discuten sobre el tema y, como en otras ocasiones, ninguno da el brazo a torcer. Así que la conversación termina como empezó: Quique sigue prefiriendo a Thor, Rubén a Spiderman y Julio permanece con sus dudas entre Estela Plateada y la Antorcha Humana. Una bolsa flota en la superficie y el flujo de la corriente la acerca hasta la barca. Quique cree que es basura que han tirado al río, pero a través del plástico ve que se transparentan varios paquetes envueltos en papel de periódico. Que él sepa, la gente no envuelve la basura. Ese detalle despierta su curiosidad. Alcanza la bolsa y deshace el nudo que la mantiene cerrada. En el primer paquete hay dos sondas de plástico y unas compresas ensangrentadas. Nada más verlas, las lanza al agua. Cuando abre el segundo paquete los tres se quedan pasmados al ver que contiene un feto humano. La criatura apenas mide unos diez centímetros. Pese a su escaso tamaño, está totalmente formado. Se aprecia que es varón, y en sus diminutas manos y pies se pueden ver todos los dedos. En la base del cráneo y parte de la espalda han quedado calcadas en la piel las letras negras del papel mojado.
-¿Qué vamos a hacer con él? -pregunta Julio.
-Habrá que llevarlo a la policía –dice Rubén.
No se ponen de acuerdo. Finalmente, Quique sugiere una propuesta.
-¿Que os parece si hacemos un funeral vikingo?
Ni Julio ni Rubén saben de qué va la cosa, él les explica las bases del ritual. En un principio, sus amigos se muestran reacios a quemar la barca, pero después de un rato terminan cediendo. El río se ha encargado de depositar en la orilla gran variedad de ramas y eso facilita la recogida de leña. Apilan los sarmientos sobre la barca y rellenan los huecos con papel y cartón. Cuando todo está preparado, Quique pone el feto encima y se retira para dejar paso a Rubén y su mechero. Las llamas primero prenden el papel, luego el cartón y finalmente se extienden a la madera. Las caras de los chavales se iluminan con la pira funeraria y sus cuerpos reciben amistosamente el calor que desprende. La barca se adentra en el río, hasta que la cadena la detiene a un par de metros de la orilla. La imagen es fascinante. En poco tiempo el feto queda reducido a cenizas. Quique se retira de la orilla y se adentra en la bruma para mear. Julio le acompaña. Mientras orinan, Julio mira de reojo el miembro de su amigo. Jamás lo reconocerá, pero se siente atraído por él. Se conocen desde niños y siempre ha experimentado una especie de deseo oculto. Antes eran inseparables, se pasaban el día juntos. Julio era feliz porque gozaba de toda su atención, hasta que Rubén se les unió. Tal vez por eso nunca han terminado de llevarse bien entre los dos.
-Julio, si me miras, me corto y no puedo mear.
-Perdona.
Julio se aparta a un lado. Está avergonzado por no haber sabido reprimirse.

En la orilla, Rubén sigue ensimismado con las llamas que salen de la barca y no presta atención a la llegada de sus amigos. Quique mira su reloj. El tiempo se les ha echado encima y tienen que regresar a sus casas. Se ponen en camino. Atrás queda un punto centelleante de luz que a medida que se alejan se vuelve más y más difuso.

pepe pereza

miércoles, 25 de enero de 2017

FAT CITY - GARDNER, LEONARD

FAT CITY - GARDNER, LEONARD

Editorial:
Traductor:
Rubén Martín Giráldez
Colección:
NARRATIVA
Materias:
NARRATIVA AUTORES EXTRANJEROS;
ISBN:
978-84-945799-0-5
EAN:
9788494579905
Precio:
17.79 €
Precio con IVA:
18.50 €

Sinopsis
Ambientada en la deprimida localidad de Stockton (California), "Fat city" es el retrato descarnado de una serie de personas, en palabras de Gardner, «aplastadas por la monumental desdicha del presente». Los cabezas de cartel son dos boxeadores que recorren sendas paralelas hacia la ruina: por un lado, Billy Tully, un cansado púgil de veintinueve años que reparte su tiempo entre bares, hoteles mugrientos y deshumanizadores trabajos a jornal; por otro, Ernie Munger, un mediocre aspirante a profesional de dieciocho años con pocas perspectivas de futuro, responsabilidades crecientes y ambiciones que se van desvaneciendo. Cada uno de ellos es un reflejo deformado del otro: Tully ve quién era; Ernie, en quién se convertirá.


martes, 24 de enero de 2017

ÚLTIMAS LECTURAS CON SOBRESALIENTE






CÓMO SE ESCRIBE UN RELATO, POR ALAN HEATHCOCK

Queridos amigos,
Ayer escribí la última frase del último relato de un libro que empecé hace cerca de veinte años (en el momento en que decidí ser escritor). Con toda sinceridad, creo que cualquiera con educación, esfuerzo y paciencia, puede llegar a escribir un libro. Yo lo logré. El proceso de acabarlo ha sido intenso, más de lo que me imaginaba, pero en esa misma intensidad he encontrado el camino hacia una comprensión muy clara de mis principios personales a la hora de ponerme a escribir. Aquí van algunos:

Crear personajes únicos con un defecto sumamente específico que ponga en cuestión su habilidad para interpretar el mundo con claridad.
Hacerles cosas horribles a tus personajes, pero sin llegar nunca despojarles de su humanidad.
Nunca hacer que tus personajes sean ignorantes o locos.
Capacitar a tus personajes para el cambio, a pesar de sus defectos, y para que, a través de pruebas, lleguen a comprender una verdad profunda del mundo.
Sentir la lucha de tus personajes. Que te hagan llorar, que te enojen, que te cansen. Desvanecerte. Descubrir lo que significa ser otro distinto a ti.
La empatía es de crucial importancia. Si un lector no siente, no será drama sino periodismo, y el periodismo que es ficción tiene muy poco valor.
El sentimiento se comunica a través de los sentidos. Comunicar a través de imágenes, sonidos, aromas y texturas, no con palabras. Principalmente, comunicar a través de imágenes.
Poner tus personajes en una situación altamente dramática y única, abandonándoles al desnudo con sus defectos.
Dedicar mucho tiempo a trazar la trama. Crear tramas que sean tan únicas y alejadas de la fórmula que nadie pueda llegar a creerse que hayas dedicado ni un solo segundo a pensar en la trama.
Permitir que tus personajes deseen algo, pero no otorgárselo fácilmente. Darles solo lo que se merezcan. Hacer que se lo curren a lo largo de toda la historia para que se lo ganen, o no.
Cada escena debe sentirse extraña y desconocida. Lo extraño y lo desconocido genera misterio y alimenta el peligro, y tanto el misterio como el peligro alimentan la curiosidad.
Inventar entornos interesantes y peculiares, o dar con algo interesante y peculiar en entornos un entorno banal. Todos los entornos son reflejos metafóricos del interior de tus personajes.
Nunca resultar obvio. Nunca ser recatado. Hacer que el lector tenga que trabajar un poco para entender lo que está leyendo, pero al final recompensar su esfuerzo con empatía y claridad.
Revelar algo en los finales creando una convergencia de trama y relato. Escribir el final de tal forma que no se sienta arreglado. Hacer finales a la francesa.
No escribir de menos. Abastecer al lector con todo lo que necesite ver, sentir y pensar. Controlar al lector en todo momento.
No escribir de más. No hacer que el lector lea más de lo que necesite. Si haces que un lector lea una sola palabra más de la necesaria le estarás dando licencia para leer por encima.
Encontrar siempre los sustantivos y los verbos justos y exactos. La verosimilitud vendrá en buena parte determinada por la precisión de los sustantivos y los verbos.
Escribir con un estilo de prosa que parezca orgánico y libre aunque esté completamente programado y controlado.
No preocuparse por la extensión. Un relato será tan largo como precise, ni una palabra más, ni una palabra menos. El propio relato dictará su propia extensión.
Nada de atajos. Pensar en las maneras más exigentes que haya para lograr lo que deseas y hacer precisamente esas cosas. Al final te ahorrará tiempo.
Jamás ofender a nadie intencionadamente. Pero que nunca te importe que la gente se pueda ofender con tu obra.
Poner títulos sencillos y un poco raros. Hacer que el lector tenga que leer el relato entero para entender del todo el título, y poner un título que ayude al lector a entender el relato del todo.
Escoger proyectos que te hagan sentir algo con intensidad. Obsesionarse.
Darse completamente a la historia. Eliminarte. No trata de ti.
No trabajar con otra gente. Los otros te cohibirán. Encontrarte un sitio donde poder estar solo. Estar solo.
No buscar la aprobación más allá de uno mismo.
Ser lo bastante valiente para tomarse a uno mismo en serio. Una vez que hayas decidido tomarte en serio dejarás de imitar a los demás y serás original.

Sinceramente,
Alan Heathcok


(Traducido por Javier Lucini)

sábado, 24 de diciembre de 2016

CAPÍTULO 39 - SE RUEGA SILENCIO

Es Nochebuena. No me apetece ir a cenar con mi madre, pero se lo prometí y debo cumplir mi palabra.
Nada más entrar, veo que ha estado llorando: la rojez de sus ojos la delata. Dice que es de cocinar, pero sé que miente.
Al final, terminamos cenando como todas las Nochebuenas, es decir, repartiendo nuestra atención entre lo que hay en el plato y las imágenes del televisor. Estar juntos nos hace sentir más solos que nunca. Mi incapacidad para relacionarme con la gente no me molesta en absoluto, pero la cosa cambia cuando afecta a la relación con mi madre. Me entristece no poder conectar con ella. Y me jode que el único vínculo que nos una sea el de sangre. Me gustaría que hubiera algo más. Al otro lado de la pared oímos las voces de júbilo de los vecinos. Su alegría deja en evidencia nuestra falta de entusiasmo.
-¿Qué tal en el trabajo?
-Se me acaba el contrato esta misma semana.
Asiente con un pequeño gesto de cabeza y vuelve a fijar la mirada en la pantalla. En la tele no ponen nada más que chorradas: gente estúpida demostrando lo estúpidos que pueden llegar a ser.
-Estaba todo muy rico.
Está atenta al programa de variedades y no me presta atención. Recojo la mesa y llevo los platos sucios a la cocina. Mientras friego la vajilla tomo la decisión no aceptar más trabajos de mierda. A partir de mañana me encerraré en casa y no saldré hasta terminar la novela. Escribiré y seguiré escribiendo. No dejaré que nada me distraiga. Me pondré a ello y no descansaré hasta acabar. Después de secar los cubiertos regreso al salón. Antes de entrar oigo unos llantos. Me asomo y veo a mi madre llorando. No me atrevo a interrumpirla, así que me pongo el abrigo y salgo a la terraza a fumar.
Contemplo las viviendas que tengo enfrente. A través de sus ventanas puedo ver a las familias brindando con copas de champán, felices por estar reunidos. Dos tipos doblan la esquina. Vienen cantando villancicos y se tambalean al andar. Es evidente que están borrachos. Mi madre sale de la casa, se coloca a mi vera y se queda mirando al horizonte. Es como si buscase respuestas en el cielo. Suspira al frío de la noche, tratando de expulsar sus penas junto al aliento que sale de su boca. Uno de los borrachos se aparta para mear delante de la puerta de un garaje. Los observamos desde el balcón. El que orina no puede mantener el equilibrio y cae de espaldas. El chorro no se interrumpe y sigue fluyendo como si se tratase de un aspersor. El tipo, al ver que se está meando encima, lucha por levantarse pero la gravedad puede más que él.
-Otro igual que tu padre, que no sabía mear sin mojarse los pantalones.
Lo dice con tal naturalidad que no puedo reprimir una sonora carcajada. De repente, un cohete estalla en el cielo. Una catarsis de luz y color.

pepe pereza

martes, 13 de diciembre de 2016

DÍAS 14 Y 15 EN LOGROÑO

Kirmen Uribe, ganador del Premio Nacional de Narrativa, presenta  La hora de despertarnos juntos
Miércoles 14 de diciembre, a las 19:30 h.

Espacio Santos Ochoa. Doctores Castroviejo, 19.
La gran novela sobre la historia vasca, española y europea del siglo XX hasta nuestros días.

A Karmele Urresti la guerra civil la sorprende en su Ondarroa natal. Mientras la población huye al exilio, ella decide quedarse curando a los heridos y tratando de liberar a su padre, que ha sido encarcelado. Al final de la guerra debe abandonar su tierra y partir hacia Francia, donde pasa a formar parte de la embajada cultural vasca. Allí conoce al que será su marido, el músico Txomin Letamendi. Juntos recorren media Europa hasta que, a punto de caer París en manos de los alemanes, huyen a Venezuela.

Pero la Historia irrumpe de nuevo en su vida. Cuando Txomin decide sumarse a los servicios secretos vascos, la familia regresa en plena Segunda Guerra Mundial a Europa, donde él realiza labores de espionaje contra los nazis hasta que es apresado en Barcelona, bajo una dictadura a la que no sobrevivirá. Karmele tendrá que arriesgarse y partir, sola esta vez, con la esperanza ciega de quien deja atrás lo más preciado.

Kirmen Uribe , nacido en Ondarroa, Vizcaya, en 1970, se licenció en Filología Vasca y cursó estudios de postgrado de Literatura Comparada. Es autor de proyectos multimedia que combinan la literatura con diferentes disciplinas artísticas. Ha traducido a Raymond Carver, Sylvia Plath, Anne Sexton, Mahmud Darwish y Wislawa Szymborska, entre otros, y colabora en diversos medios de prensa escrita, incluida la prestigiosa revista The New Yorker. La publicación en 2001 de su libro de poemas  Bitartean heldu eskutik  (Mientras tanto dame la mano , 2003), supuso, según la crítica, una «revolución tranquila» en el ámbito de la literatura vasca. Traducido al castellano, francés, inglés y ruso, el poemario fue galardonado con el Premio Nacional de la Crítica y elegido finalista al mejor libro de poesía traducido al inglés en 2007 en Estados Unidos por el PEN American Center.


Patxi Irurzun presenta  Los dueños del viento, una novela de aventuras que pasa por Logroño
Jueves 15 de diciembre, a las 19:30 h.

Espacio Santos Ochoa. Doctores Castroviejo, 19.    

La famosa caza de brujas en Zugarramurdi, el auto de fe de Logroño de 1610, las cárceles secretas de la Inquisición, los bucaneros de La Española, los Hermanos de la Costa y la república libertaria que intentaron crear en la isla Tortuga, los corsarios vascos del mar Caribe…  

Joanes de Sagarmin, protagonista y narrador de esta novela vivirá todas estas peripecias tras huir de la pequeña aldea navarra de Zugarramurdi. Perseguido por la Inquisición, encontrará refugio junto a otros huérfanos y huidos de la justicia, primero en el sur de Francia, junto a los terribles corsarios vascos, y después en el Nuevo Mundo, donde se convertirá en músico de una tripulación pirata.  

A lo largo de su agitada vida, el destino de Joanes permanecerá siempre unido al de un encantador y cruel filibustero, Kuthun, y al de la misteriosa Morguy, la joven vidente y ayudante del inquisidor Lancre. Entre los tres se establece un triángulo de amor y odio, en cuyo centro permanece la búsqueda de una libertad que el destino y la cuna parecen haber negado a quienes tienen como única posesión el viento y esperan que alguna vez sople a su favor.

Patxi Irurzun  (Pamplona, 1969) es escritor, periodista y filólogo. Autor, entre otras obras, del libro de relatos  La tristeza de las tiendas de pelucas  (finalista del Premio Setenil 2013 al mejor libro de relatos del año y del Premio Euskadi 2014); las novelas  Atrapados en el paraíso , sobre su viaje al vertedero de Payatas, en Manila (Premio a la Creación literaria del Gobierno de Navarra) y  ¡Oh, Janis, mi dulce y sucia Janis! ; el diario  Dios nunca reza ; o de  Mi papá me mima , una crónica humorística sobre la paternidad. Ha escrito además literatura infantil y juvenil, colabora habitualmente en prensa y ha ganado diferentes certámenes literarios, como el I Premio de relatos de viajes de El País-Aguilar o el Ciudad de Palencia de narrativa.

martes, 15 de noviembre de 2016

DON CARPENTER

DON CARPENTER

Nació en Berkeley, California en 1931 y creció en la costa oeste de los Estados Unidos. Luchó en la fuerza aérea durante la guerra de Corea, asistió la Universidad de Portland y se licenció en el Portland State College para después hacer la maestría en San Francisco State College. Carpenter, su mujer Martha y sus dos hijas se instalaron en Mill Valley, cerca de San Francisco y él entabló buenas amistades con Evan Connell y, especialmente, con Richard Brautigan, ambos escritores locales. Su primer libro, Dura la lluvia que cae, se publicó en 1966 y lo siguieron nueve novelas más e incluso varias colecciones de cuentos. También escribió para el cine y la televisión, y dedicó bastante tiempo a Hollywood (un tema de varias de sus novelas). A causa de su mala salud, se suicidó en 2008, a los 64 años de edad.

DON CARPENTER



sábado, 12 de noviembre de 2016

EN PREVENTA: PADRE & HIJO de LARRY BROWN en DIRTY WORKS


*** NOVEDAD: PADRE & HIJO, LARRY BROWN. ***
«Amartilló el percutor, dirigió el cañón hacia la cabeza de su padre y mantuvo la negra y ancha boca del mismo a dos centímetros de su cráneo. Apretó los dedos en torno a la empuñadura accidentada del arma. El viejo siguió durmiendo. Padre e hijo».
1968. Un pueblo perdido de Mississippi. Glen Davis, el hijo pródigo, vuelve a casa. Pero no está arrepentido. Tras una estancia de tres años en la cárcel, regresa, lleno de odio y resentimiento, para saldar viejas cuentas pendientes. En apenas cuarenta y ocho horas, todas las mentiras y oscuros secretos que llevan cociéndose a fuego lento durante más de dos generaciones bajo la superficie aparentemente tranquila de esta pequeña comunidad sureña, estallarán y saldrán a la luz en una incontenible espiral de crueldad y violencia.
Una historia de padres ausentes, madres desesperadas e hijos abandonados. Perros rabiosos, chatarra, armas de fuego, sangre y latas de cerveza aplastadas al borde de una carretera secundaria. Larry Brown en estado puro.
«Una recreación literaria poderosa, conmovedora y llena de suspense, la obra de un escritor con un enorme e innegable talento natural».

The Washington Post
«Otro libro grandioso y perdurable de Larry Brown, la crudeza de sus emociones prevalecerá en tu interior durante mucho tiempo».
Rick Bass - The Boston Globe

«El modelo es Faulkner, pero su influencia ha sido absorbida y trascendida… La obra de un escritor que confía absolutamente en su propia voz».
The New York Times Book Review
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Prólogo de Mark Richard
Traducción de Javier Lucini
Tapa Blanda, 210 mm x 140 mm
380 páginas
Al comprar durante la preventa -
2 x ilustraciones más regalo sorpresa.

22.50€
IVA incluido.
Envío gratuito para península, Canarias y Baleares.

lunes, 26 de septiembre de 2016

ESQUINAS EN EL BIGOTE OBSCENO

MUJERES EN LA ESQUINA. 
RELATOS DESGARRADORES
Pepe Pereza nos deja un conjunto de relatos cortos que duelen. En Esquinas, podemos ver la realidad que muchas veces preferimos ignorar cuando vemos a mujeres que no tienen más remedio que ganarse la vida vendiendo su cuerpo. Un libro sobre sexo, dinero y desesperación que nos hace abrir los ojos ante un mundo gris.
Esquinas recoge diferentes puntos de vista sobre la prostitución, aunque no están todos. El lenguaje es duro, con fragmentos que llegan a rasgarnos hasta dejar una marca profunda. Las ilustraciones son como una nube oscura que aparece para mostrarnos las palabras de Pepe Pereza de un modo tan auténtico que casi podemos tocarlas en el aire.
Un padre que descubre que su hija se prostituye, una chica que necesita conseguir algo sin más ayuda que la de su cuerpo, una mujer que tiene que cuidar a un bebé anciano, un hombre con una clientela peculiar… Dinero como arma, armas como último recurso, el recurso principal es de carne y hueso.
Relatos pensados para tocarnos la conciencia y cuestionar nuestra moral. Este mes que nos dedicamos a explorar el mundo femenino, me gustaría abordarlo en un sentido distinto al que podríamos plantear. No todos los libros hablan de mujeres fuertes, feministas o independientes. Algunas veces debemos mirar más allá. Quizá no sea justo que en el libro de Pepe Pereza nos encontremos solo a personas con un dolor profundo o unos momentos caóticos. ¿Por qué no hablar de esas otras mujeres que eligen voluntaria y legalmente esta profesión en otros países sin miedo? ¿Por qué en España si eliges este camino eres una paria? ¿Por qué tenemos que sentirnos esclavas, infravaloradas o desprotegidas en tantos empleos?
No es solo una cuestión de tener un salario inferior al de un hombre por el mismo trabajo, de soportar acoso por parte de compañeros o jefes, de escuchar cómo podemos o no vestir, qué podemos o no hacer. No vale solo con mirar para otro lado cuando pasamos por la carretera de camino a la playa y vemos a una persona, bajo el sol a 40 grados, esperando a que salgan los trabajadores de un polígono para poder llevar dinero a quien amenaza a su familia. Un feminista debe luchar, sea hombre o mujer, para que la ley proteja en igualdad de condiciones a ambos sexos en todos los aspectos. ¿Por qué somos feministas si nadie se levanta y da un golpe en la mesa por este tipo de situaciones?
Quizá estos relatos sean tan cortantes porque en nuestra sociedad es un tabú y una mafia. La prostitución es un arma de explotación, en lugar de ser una profesión como otra cualquiera. Después de todo… ¿no es un servicio? Podemos cuidar, ayudar, cocinar, servir y proteger. Enfermeros, cuidadores, cocineros, policías o amas de casa. Pero, cuidado, el sexo no puede ser un servicio y precisamente por eso es una fuente de personas con malas intenciones que abusan de su poder y del miedo que provocan.
Leyendo Esquinas me he dado cuenta de lo deprimente que es también ser cliente. Tampoco estás protegido. No hay lugares legales donde puedas pagar por mantener relaciones de mutuo acuerdo, como una transacción en un banco. Muchos se ven empujados a acudir a profesionales que están fuera del sistema, un sistema que se ha dado la vuelta para no mirar. ¿Traerían a mujeres de otros países con mentiras para obligarlas a prostituirse si aquí fuera algo natural donde poder elegir?
En España no es ilegal ejercer la prostitución, pero no es un empleo reconocido. Esto quiere decir que no se cotiza a la Seguridad Social, no se tiene derecho a vacaciones, no hay posibilidad de jubilarse con una pensión, no hay impuestos, no pueden sindicarse ni hacer huelga. En 2015 se estimaba que el 80% de quienes ejercen la prostitución lo hacen contra su voluntad.
Hay mujeres y hombres en ambas caras de la moneda: prostitución y clientela. Toda la moneda necesita estar incluida en el sistema y ser reconocida por la sociedad. Debemos ser conscientes de que el poder del feminismo debe ejecutarse en las dos direcciones. Si la igualdad se logra debe ser gracias a una balanza equitativa.
Feministas, Pepe Pereza nos enseña las Esquinas que a veces no vemos. Debemos abrir los ojos a una realidad dura, desagradable y preocupante. Os recomiendo esta lectura porque aunque pueda herir la sensibilidad de algunos… nadie ha dicho que la vida sea fácil. No es un libro que se lea con gusto o por puro entretenimiento, no es una poesía de Neruda ni un bestseller de Dan Brown. Son palabras que conectan nuestros ojos con nervios directos a la conciencia. Tal vez, no todos estemos hechos para leerlo, pero sí para afrontar que el problema existe.

Ángela Pacheco


martes, 20 de septiembre de 2016

EL EXPULSANTE - UN RELATO DE J.P. TEFAN

EL EXPULSANTE
La Materia Amarillenta sale por la boca del Expulsante en forma de hebras maleables que son depositadas a los pies del operario de turno. Los componentes químicos de La Materia Amarillenta reaccionan con el oxigeno de la sala, haciendo que los filamentos se vuelvan duros y consistentes. Es un ejercicio complicado y doloroso para el Expulsante, ya que su garganta queda gravemente irritada por el esfuerzo. Solo el dos por ciento de la población dispone de Glándulas Expulsadoras de Materia Amarillenta. Por eso los Expulsantes están tan solicitados. Las fibras secas son recogidas con sumo cuidado por el operario y llevadas inmediatamente al laboratorio. Una vez allí, los Expertos se encargaran de analizarlas. Si pasan las Tres Grandes Pruebas (TGP) serán trasladadas al muelle de carga para su distribución. En caso contrario, las hebras deben ser quemadas en los altos hornos en un plazo nunca superior a veinticuatro horas. Terminada la expulsión de la Materia Amarillenta, el Expulsante debe acudir a las Oficinas Centrales para rellenar los formularios pertinentes. Acabado el tema burocrático,  el Expulsante está obligado pasar un tiempo limitado en una de las cabinas de recuperación. El Expulsante se acomoda en la camilla acolchada y conecta la válvula de abastecimiento a la vena principal de uno de sus brazos, seguidamente presiona el botón verde que pone en funcionamiento la terminal de la cabina. Los fluidos de la depuradora pasan a través de la sonda y entran en el cuerpo del Expulsante. Los ojos en blanco y unos pequeños espasmos en los pies son la prueba de que todo va bien. Hasta que, estando en pleno proceso, hay un bajón de energía que bloquea el programa de la cabina de recuperación. Debido al fallo eléctrico, los fluidos de la sonda en vez de ser alojados en el cuerpo del Expulsante son absorbidos por el rotor la depuradora, provocando una dolorosa descarga por todo el cuerpo del Expulsante. El Expulsante extrae la válvula de su brazo. Está harto. No es la primera vez que le pasa, y seguramente no será la última. Restablecida la energía de la cabina y purgada la sonda, una voz distorsionada dice por los altavoces: Conéctese a la válvula, por favor. El Expulsante limpia el orificio de su brazo con una gasa humedecida en yodo, después vuelve a conectar la válvula en la vena.

            El Expulsante camina por una de las calles adyacentes al complejo residencial. Nota el brazo agarrotado. Por experiencia sabe que el dolor durará toda la noche. Delante de él, unas emanaciones vaporosas ascienden desde el subsuelo. El indicador de datos que tiene implantado en la muñeca advierte que la zona está contaminada con altos niveles de azufre y plomo. La mascarilla filtradora se conecta automáticamente acoplándose a la cara del Expulsante como una segunda piel. El Expulsante sigue su camino entre la niebla ambarina. Es el micro-clima ideal para que se reproduzcan las amebas rojas. De hecho, en los edificios abandonados que flanquean la calzada hay millares de nidos viscosos colgando en los recovecos de las fachadas. Toda una plaga. Unos metros más adelante, el aire vuelve a ser respirable. La mascarilla filtradora se repliega dentro de un dispositivo insertado detrás de la oreja. El Expulsante dobla una esquina y dirige sus pasos hacia el único edificio iluminado de la barriada. Entra en el portal. Cuando está dentro del ascensor el indicador de datos se ilumina de nuevo. Esta vez es un mensaje del Laboratorio: El examen de la TGP es favorable. La Materia Amarillenta con expediente L38 ha sido trasladada al muelle para su distribución. Seguidamente llega el recibo y la confirmación de que los Bonos de la operación han sido ingresados en la cuenta personal del Expulsante. El ascensor se detiene en el ático. El Expulsante entra en casa. Se sienta en un viejo sillón reclinable y rompe a llorar. Un llanto amargo y doloroso. El Expulsante baja el nivel de la lámpara para dejar la estancia en penumbra. Se coloca en la cabeza un gorro al que están sujetos una veintena de electrodos y conecta el Inhibidor de Pensamientos. La peculiaridad de ese aparato, tal y como su nombre indica, es el de inhibir o neutralizar cualquier pensamiento que genere el cerebro del Expulsante. Una forma rápida y segura de dejar la mente en blanco. Los sollozos del Expulsante paran de golpe.

            Por la ventana entran los reflejos del amanecer. El Inhibidor de Pensamientos se desconecta mediante un sensor que capta las primeras luces del día. El Expulsante abre los ojos. El primer pensamiento que le viene a la cabeza es la imagen de su hijo. Su segundo pensamiento: el cadáver de su hijo. El Expulsante llora. No hace ni medio año de la tragedia. La herida está fresca y duele. Según el informe de la autopsia el niño falleció por una infección en la formación de las Glándulas Expulsadoras de Materia Amarillenta. Cuando un bebé tiene una herencia genética de ese calibre siempre entraña un alto riesgo para la criatura, entre otras cosas, porque dicha herencia no deja de ser una mutación y la mayoría de las veces es el propio cuerpo el que rechaza la metamorfosis. Por eso el Expulsante arrastra un sentimiento de culpabilidad que agudiza aun más el sufrimiento por la muerte de su hijo. Un añadido doloroso del cual no logra deshacerse a no ser que se conecte al Inhibidor de Pensamientos. Desde aquel fatídico día, la vida del Expulsante ha sido un infierno. Su matrimonio se fue a pique. Se tramitó la separación y los de Urbanismo le asignaron una casa en la zona residencial, pero el Expulsante rechazó la oferta y en su lugar pidió una vivienda en la Zona Contaminada. Desde entonces vive en ese edificio abandonado y en ruinas.
            Para desayunar el Expulsante toma tres píldoras antidepresivas. Las mastica y las traga a palo seco. Sale al balcón. Desde ahí puede ver los vapores de azufre y plomo emergiendo a través del subsuelo. Un paisaje que comulga con su estado de ánimo. El viento cambia de dirección y la niebla venenosa llega hasta la atalaya. El indicador de datos advierte del peligro y la mascarilla filtradora se conecta automáticamente acoplándose a la cara del Expulsante como una segunda piel. Entra en la casa, cierra las puertas y pone en funcionamiento el destilador de aire para eliminar los gases que han entrado. Cuando el ambiente está limpio la mascarilla filtradora se desactiva.


J.P. Tefan