domingo, 5 de mayo de 2013

PRÓLOGO DE “MI CORAZÓN ES TUYO” (ANTONIO ORIHUELA)


Un pericardio de amor
Cuando uno dice: Mi corazón es tuyo, no está diciendo poco, nada menos que entregando lo más precioso, lo más principal que uno tiene, ese musculoso órgano que desde el pecho, funcionando como una bomba, impulsa sangre a todo el cuerpo y  sirve tanto para abrazar a la amada como para darle calor en invierno, vale tanto para roncar a pierna suelta como para fumarse un cigarrillo tras una jornada de sexo dulce y remolón. Extraña máquina ésta que se entrega y no por ello deja de servirnos para despertar por las mañanas, para sonreír, para saber escuchar, tocar y pronunciar un apasionado Te quiero sobre la amiga que duerme aún a nuestro lado.
El corazón se entrega y aún así, nos sigue sirviendo para bailar, para ser pacientes, para recorrer los rincones que conquistamos, las ciudades que disfrutamos, la boca paciente y deliciosa de la amiga que tiembla a nuestro lado.
Con el corazón echamos de menos, echamos de más, echamos los restos sobre la pasión si hace falta con tal de la que la pasión se cumpla. El corazón nos sostiene, nos divide, nos descontrola.
El corazón salva al poeta de las sevicias del mundo, lo enloquece, lo enciende, lo lleva al paraíso y, sobre todo, lo mantiene vivo, y con él a todo aquello por lo que el poeta vive, lucha, suspira y ama. Y a pesar de todo esto, el tamaño del corazón es poco mayor  que la mano de la amada.
Así que cuando el poeta dice: Mi corazón es tuyo. Está diciendo, toma, mi amiga, este órgano menor que sin embargo pone a funcionar el mundo. Toma sus dos bombas que trabajan en paralelo, como nosotros, al unísono, para llevarnos hasta el nido crujiente y cálido donde vive el amor que nos profesamos y para el que vivo. Toma este corazón, mi amada, que se pasea por el mundo solo para volver a ti cada noche, oxigenado, trenzado de vínculos, contraído hasta volver a verte, relajado cuando ya somos uno, lleno de ritmo, florecido, destilando olor a tierra mojada, a hierba, a mar, a memoria de nuestra vida juntos en tantos sitios. Toma, mi corazón es tuyo, este microcosmos que he inventado para los dos es tuyo, condúcelo hasta las verdes praderas, haz de él una cascada, óyelo cómo bombea en tu presencia, cómo pone en alerta sus barorreceptores, cómo se estimula todo el sistema parasimpático, llévatelo a la cama, ponlo sobre tu seno, invítalo a beber de tus labios la dulzura primigenia de la pasión, dale forma y con él al mundo que nos vive, acuéstalo junto a ti, hazle el amor a este corazón que es tuyo, vayamos por esa espiral dulce de la carne, vayamos hasta el umbral de la taquicardia, hasta este corazón que también es un músculo enrollado sobre sí mismo que casi todo el mundo tiene situado en el centro del pecho menos yo, que lo dispuse a tu sabor, sin límites, para que hagas con él lo que más te gusta en los días de tormenta.

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